Claridad

Este cuento está inspirado en “Claridad” de Efecto Dominó. Podés escucharlo en Spotify y Youtube


Tu pelo bailaba en el medio de la pista. Jamás había visto algo igual. Las luces azules se reflejaban con cada nuevo movimiento, parecían las aguas de un lago reflejando la caricia del sol.  Era mágico. Era magia en medio de la mundanidad. 

¿De dónde sos?

Yo estaba apoyado contra la barra. Tenía un cigarrillo en la boca y el tabaco subía hasta la punta de mi nariz. ¿Te conozco? Estaba atrapado. No podía dejar de mirarte. Bailabas como si nadie estuviera ahí, como si nadie te estuviera mirando. Ajena a todo. Inmersa en vos.

No fui a buscar a mis amigos, no fui al baño y tampoco me pedí un trago ¿De dónde sos? Cada tanto sonreías. Eso me volvía loco. Qué increíble cómo una mueca tan sencilla puede generar tanto.

A veces buscamos de más. Queremos encontrar respuestas grandiosas, descubrir significados, llegar a destinos. Es muy triste pensar que en realidad eso que buscamos está en los momentos que nos perdemos: un atardecer, un “salud” a los ojos con un amigo o una sonrisa en un boliche.

¿Fue casualidad? Sentía que no. De alguna forma rara, algo me decía que yo tenía que estar ahí mirándote y que vos también tenías que estar ahí dejándote ser mirada. 

El papel blanco del cigarrillo se consumía. Me moría de ganas de acercarme, de decirte de bailar, que me regales una sonrisa  y que me digas que sí. 

No solo era tu pelo y tu forma de bailar, tus ojos parecían estar en otro lado. Eran los guardianes de una mirada condescendiente que sabía que nada que nada dentro de ese lugar podía llegar a atraerles, ni el amontonamiento, ni la música, ni el alcohol, ni la falta de aire, ni el piso pegajoso, ni la oscuridad. Así y todo parecías contenta, disfrutabas de cada segundo.

¿Volverán a cruzarse nuestras miradas?

Cambiaba de posición, pero no dejaba de verte. No quería perderme un segundo. 

Nos vi bailando, nos vi durmiendo, vi tu cara de sorpresa con mis regalos sin motivo, nos vi en el teatro, en el río, en otra fiesta, en un avión, en un muelle. Nos vi de la mano, nos vi caminando, nos vi tirados mirando la luna y vi como esa luna se hizo sol, nos vi en la playa y también en la montaña, nos vi comiendo, nos vi riendo.

Si te soy sincero no sé ni cuánto tiempo pasó. Qué idiota, pienso ahora. Me quedé con el cigarrillo apagado en la mano imaginando escenarios múltiples e inciertos. Con una pregunta los derribaba a todos y tenía la respuesta.

¿Por qué será que tenemos más miedo a lo que imaginamos que a lo real? Si lo lindo de las ideas es cuando bajan al plano terrenal y se convierten en algo.

Ahora estoy en mi cama. Arrepentido. Son casi las 4 de la tarde y recién me levanto. Estoy en cuero y no dejo de pensarte. Siento que te conozco y al mismo tiempo que perdí la oportunidad de conocerte. 

¿Qué hubiera pasado? ¿Hubiéramos bailado? ¿Un no rotundo? ¿Un sí tímido?

Me levanto de la cama y me voy a hacer un café. No almorcé, pero no me importa. Sirvo el café sin ganas y vuelvo a mirar el reloj. Lo único que quiero es que llegue la noche para soñar con vos. Verte azulada en el medio de la pista con suma claridad, apagar el cigarrillo y mis miedos, acercarme y quizás, ahora sí, bailar juntos.

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